En América Latina, la menopausia inicia en promedio a los 48 años, marcando una transición biológica que puede abarcar más de un tercio de la vida de la mujer. A pesar de su impacto físico y emocional, el 77 % de las mujeres con síntomas no accede a una consulta médica efectiva, según revelaron especialistas médicos convocados por Abbott en el Congreso Internacional de Menopausia.
El encuentro, que reunió a expertos de Perú, Colombia, Chile, México, Brasil y Centroamérica, puso sobre la mesa la urgente necesidad de derribar mitos, actualizar la capacitación médica y mejorar las políticas públicas orientadas al bienestar femenino.
Un panorama regional marcado por el desconocimiento
La experiencia de la menopausia en la región no es uniforme y está condicionada por barreras educativas, geográficas y culturales. De acuerdo con una encuesta global de Ipsos realizada en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, menos de la mitad de la población adulta se considera bien informada sobre esta etapa.
Esta falta de información es crítica: datos recientes señalan que cerca del 90% de las mujeres tiene un conocimiento escaso o nulo sobre la terapia hormonal, lo que limita su capacidad para tomar decisiones guiadas por la ciencia sobre su propio cuerpo.
Ampliar la conversación sobre la salud de las mujeres implica reconocer que este periodo requiere una mirada integral que considere sus efectos en la calidad de vida y las necesidades de cada paciente”, destacó el Dr. Álvaro Rojas, director médico regional de Abbott.
Más allá de los sofocos: más de 40 síntomas registrados
Aunque los sofocos y la sudoración nocturna son las manifestaciones más conocidas —pudiendo extenderse entre 10 y 12 años—, la menopausia involucra más de 40 síntomas documentados. Entre los más frecuentes figuran:
Trastornos del sueño: Insomnio recurrente y fatiga crónica.
Salud mental y cognitiva: Cambios abruptos de ánimo, fallas de memoria y dificultad de concentración.
Molestias físicas y urogenitales: Dolores articulares, sequedad e infecciones urinarias recurrentes.
Un estudio desarrollado en 12 países latinoamericanos con más de 2,000 mujeres asoció la severidad de estos síntomas con un menor desempeño laboral y una reducción sustancial en la calidad de vida.
La reducción gradual de estrógenos trae consigo consecuencias para la salud a largo plazo. Durante los primeros cinco a siete años posteriores a la menopausia, las mujeres pueden perder hasta un 20% de su densidad ósea, aumentando simultáneamente el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
Frente a esta realidad, los especialistas señalaron que la terapia hormonal debe evaluarse sin sesgos ni temores infundados. Tras años de mitos derivados de estudios antiguos, la evidencia médica actual respalda su uso mediante evaluaciones personalizadas que consideren la edad, la historia clínica y los requerimientos específicos de cada mujer.
Avanzar en el diagnóstico oportuno y garantizar un diálogo fluido entre profesionales de la salud y pacientes resulta clave para transformar el cuidado femenino en la región.
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