En el Perú, más de 5 millones de personas se dedican al trabajo de cuidados, ya sea atendiendo a niños, adultos mayores o personas con discapacidad. Sin embargo, detrás de esta cifra hay una realidad que suele pasar desapercibida: más de 3.1 millones realizan estas labores sin recibir remuneración, y la gran mayoría son mujeres.
De acuerdo con el estudio de caracterización de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) 2025, un tercio de las mujeres mayores de 18 años dedica su tiempo completo al cuidado, mientras que apenas el 7% de los hombres lo hace. Esta diferencia refleja una brecha de género que no solo limita la autonomía económica femenina, sino que también impacta en su bienestar emocional.
Andrea Álvarez Tapia, directora de la ONG Parada F., advierte que cuando el cuidado recae únicamente en las mujeres, se convierte en una carga invisible y permanente: “No se trata solo de horas invertidas, sino de una responsabilidad continua, sin pausas ni desconexión posible, que termina agotando tanto física como emocionalmente”.
La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT 2024) confirma esta desigualdad. Mientras las mujeres destinan más de cinco horas diarias al trabajo doméstico y de cuidados, los hombres apenas superan las dos. En la primera infancia, la diferencia se multiplica, y ellas llegan a cuadruplicar la carga. Además, las mujeres dedican el 20% de su día al trabajo no remunerado, frente al 6,6% de los hombres.
El impacto es claro: estrés, fatiga crónica, falta de descanso y sensación de sobre exigencia. La sobrecarga sostenida sin redes de apoyo afecta directamente la salud mental y la calidad de vida.
El Instituto de Estudios Peruanos (2023) añade otro dato revelador: el 68% de los hogares en el país tiene al menos una persona que requiere cuidados. Esto convierte al trabajo de cuidados en una responsabilidad cotidiana y estructural, que muchas veces se normaliza, pero que sigue siendo invisible en términos de reconocimiento social y económico.
Visibilizar esta realidad es clave para abrir el debate sobre la redistribución de las tareas de cuidado, la igualdad de género y la necesidad de políticas públicas que reconozcan y valoren este trabajo esencial para la sociedad.




